Buscar en este blog

Mostrando entradas con la etiqueta tecnología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tecnología. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de febrero de 2015

El futuro del periodismo rebosa de incertidumbre

Desde el nacimiento de los primeros diarios, una extraña psicosis ha invadido a la sociedad con la cuestión “¿Cuál es el futuro del periodismo?”. No es menos cierto que, a día de hoy, no tenemos respuesta para la cuestión ni para la psicosis.

Es evidente que el periodismo está sujeto a dos variables en constante cambio y normalmente en progreso: la tecnología y la sociedad. Los avances tecnológicos han beneficiado la trasformación del periodismo y su práctica a través de la redacción, la fotografía, la radiodifusión y la televisión. Sin embargo, los cambios sociales, como el surgimiento de una dictadura, han perjudicado ocasionalmente al desarrollo de la actividad periodística.

Actualmente, en un periodo de democracia, los periodistas no temen tanto la falta de garantías sociales, sino al cambio de los medios. En un primer momento, la prensa escrita. Luego, con la inclusión de la fotografía. Más tarde, la radio. No hace mucho, la televisión. ¿Y ahora? Ahora Internet. Internet es el gran conocido-desconocido. Internet innova cualquier concepción sobre sociedad, economía y metodología. Los empresarios tiemblan. Con una conexión de red, cualquier persona con una idea puede desarrollarla y pasar a formar parte del mercado. Es más, ya no se trabaja para cobrar del consumidor; se trabaja para cobrar de las grandes empresas que deseen publicitarse en su producto. Ahora, no importa tanto desarrollar un producto de calidad, sino que sea accesible al público. Los más puristas tiemblan ante el intrusismo, pero si una persona sin conocimientos ni experiencia lo está haciendo mejor que un licenciado, hay un problema.





En mi opinión, no creo que la pluralidad de iniciativas perjudique al periodista, al contrario, le beneficiará, pues se encontrará ante una situación de libre mercado que premiará la capacidad. ¿Y las grandes empresas? Las grandes empresas, como los grandes imperios, caerán. No se puede sostener un modelo no competitivo. Estoy seguro de que los periodistas liberados del yugo editorial serán auténticos abanderados de la libertad y de la democracia. 

domingo, 25 de enero de 2015

"¡Copiad, malditos!": análisis

"¡Copiad, malditos!" es el primer documental que se emitió en España con licencia Creative Commons, que cuyo carácter liberal y poco restrictivo la vuelven muy interesante para todos aquellos creadores de contenidos. 

Pero retrocedamos un poco más, justo al comienzo del documental, donde se nos muestra la historia de Montijo, un pueblo de la provincia de Badajoz, en el cual, hartos sus habitantes de ser multados por la SGAE acusados de violar la propiedad intelectual, se han plantado con el Manifiesto de Montijo negándose a seguir pagando a esta empresa de gestión e instando al resto de pueblos de la zona, y por qué no, al resto de España a hacer lo mismo. Este problema deriva del tan nefasto sistema de administración de la SGAE, sociedad que se denomina a sí misma como no lucrativa pero que en la práctica deja entrever su verdadera intención: conseguir beneficios. La ley de la propiedad intelectual aprobada en España postula que un artista no podrá cobrar sus derechos de imagen si no es a través de una empresa de gestión, quien cobra los derechos de todos sus socios y luego establece la repartición de los mismos. Y es aquí donde se encuentra el problema: el 1,75% de los socios se queda con el 70% de los beneficios. Y es más, en las reuniones donde se decide este reparto solo participan el 10% de los integrantes. Como diría Ana Pastor, estos son los datos, suyas son las conclusiones.

Sin embargo, el director de las SGAE responde a estas acusaciones alegando que su estructura responde a la de cualquier multinacional española, es decir, capital repartido en acciones y dividendos de acuerdo a la cantidad de acciones que tenga cada socio. Lo que al señor Gómez Piñeiro se le olvida es que la forma jurídica de las empresas de gestión difiere de las multinacionales en cuanto a su finalidad se refiere. Por ley, estas empresas se configuran solo como intermediarias entre el artista y sus derechos, ejerciendo únicamente la tarea de recibirlos y posteriormente entregárselos, esto es, sin lucrarse. La pregunta que se nos queda en el aire entonces está clara: ¿para qué sirve una entidad de gestión? Y podemos ir mucho más allá: ¿nos estaríamos equivocando si habláramos de corrupción, de "mafia"?


No obstante, el documental no termina en este punto. El director del documental está dispuesto a explicarnos el largo proceso que debe seguir un artista para conseguir este tipo de licencia, tan beneficiosa para el público y la sociedad en general, pero que gracias a la libre distribución que esconde en su forma puede ser perjudicial para los empresarios, al no tener bajo control la difusión de los contenidos en internet, internet que se basa en la libre, recalcando otra vez libre, compartición de información a través de hiperenlaces. Junto a la licencia Creative Commons existen otros tipos de licencias, como es el caso del copyright o el copyleft, que tienden a oponerse. Y junto con la SGAE aparecen otras entidades de gestión, como Cedro, AISGE o DAMA. Si la propiedad intelectual se define como el conjunto de derechos que regula la protección de los creaciones del ser humano, propias de cada individuo, ¿por qué cada individuo no puede elegir qué hacer con sus derechos? ¿por qué no puede decidir si quiere cobrarlos o no? Y si quiere, ¿por qué no puede cobrarlos directamente? Estas tres preguntas se resuelven con una misma respuesta: los intereses económicos, que sobrepasan a los políticos, se encuentran por encima de los culturales, lo que provoca la industrialización de la cultura y con ello, una cultura de masas subordinada a grandes empresarios que buscan hacer de la creatividad algo privativo y, sobre todo, atar la imaginación a las cadenas del dinero.